La bandera en la cima

Rafel G. Bianchi

Madrid
Nov 17, 2012 - Ene 26, 2013

El artista comenzó a trabajar intensamente en el 2007 tenía como objetivo pintar las catorce montañas más altas del mundo, aquellas que tienen o sobrepasan los ocho mil metros de altitud.

NoguerasBlanchard inaugura en su nuevo espacio en Madrid La Bandera en la cima, una propuesta de Rafel G. Bianchi (Olot, 1967). El proyecto en el cual el artista comenzó a trabajar intensamente en el 2007 tenía como objetivo pintar las catorce montañas más altas del mundo, aquellas que tienen o sobrepasan los ocho mil metros de altitud.

La dimensión procesual del proyecto La bandera en la cima adquiere una relevancia central al presentar, además de las catorce pinturas, la documentación y los elementos que rodean su largo proceso de realización. Partiendo de un libro de fotografías, Bianchi comienza a pintar cada cuadro por secciones, primero en blanco y negro de manera detallista, para añadir por último una capa de color. Cada día el resultado es fotografiado y la suma de todas las fotografías se muestra en una sucesión de diapositivas que forman un registro de la evolución de la pintura como si se tratase del progreso de una ascensión. También diariamente Rafel G. Bianchi realiza pequeños dibujos en los que anota la evolución de los cuadros y que acaban configurando un calendario de la consecución de los objetivos. El ánimo documental que recorre la historia del alpinismo queda también reflejado en la película de Super-8 donde, en lugar del alpinista, encontramos al artista encerrado en su estudio. Los elementos del proyecto aluden de esta forma a aspectos presentes en el alpinismo y a su vez al despliegue documental ligado al arte conceptual.

El uso de la ironía y el absurdo como recursos y el empleo de los códigos del arte conceptual son dos constantes que caracterizan el trabajo de Rafel G. Bianchi. Este proyecto en concreto revisa algunas de las facetas más relevantes del conceptualismo como la antiheroicidad en la postura del artista, la repetición y la serialidad en los actos performativos (podría compararse esta investigación con una performance continuada en el tiempo) o la autorreferencialidad como estrategia discursiva. El empleo del género pictórico del paisaje dota a este proyecto de matices poéticos e incluso románticos que también aparecen asociados a las prácticas conceptuales.

En sus trabajos anteriores, vemos la voluntad de Rafel G. Bianchi por colocarse en primer plano como objeto de análisis desde una perspectiva que busca poner en evidencia cuál es su propio papel en el mundo como artista, enfatizando su aspecto marginal o explorando su cualidad de bufón desde la autoparodia. Aquí Bianchi va más allá de una perseverancia y esfuerzo personal en su interés en expandir el proyecto y por desplegarlo en los elementos documentales que lo acompañan mediante la intervención de otros creadores. La bandera en la cima no es solo un trabajo de Rafel G. Bianchi sino una colaboración, re-introduciendo la figura del yo y del autor desde una perspectiva no expresiva – Andrés Hispano (la película en Super-8), Antonio Ortega (la composición de la banda sonora) o Àlex Gifreu y Regina Giménez (el diseño de los carteles). Siendo el universo del alpinismo un territorio de teorización frecuentemente asociado al pensamiento filosófico sobre lo sublime, aquí se diría que estamos ante “una des-sublimación del acto creativo, en particular de una visión épica del resultado final como clímax trascendente de todas las expectativas creadas”.[1]

Como señala David G. Torres: “La bandera en la cima muestra al artista como un antihéroe embarcando en una empresa absurda. Y al explorar o evidenciar la posición del artista afirmando su propia inutilidad desvela su condición política. Una condición resistente que recoge una tradición de compromiso político del arte basada en su ineficacia: desde la negativa a la productividad de Marcel Duchamp al “NO” de origen dadaista de los situacionistas. Si la tarea del artista está basada en su absurdidad, en su condición de bufón o en su inutilidad es porque se muestra en oposición a un régimen económico y político basado en los resultados, la utilidad o el pragmatismo. El carácter absurdo que recorre todo el proyecto se resume en destacar, con el propio título, la acción ridícula de clavar una bandera en la cima de una montaña y se expande hasta la puesta en cuestión o a la mofa sobre todas las banderas”.[2]

La bandera en la cima expone a través de todo su esfuerzo y dedicación la absurdidad de nuestra condición en el mundo, insistiendo en llevar a cabo un trabajo que reivindica su propia inutilidad.

[1] Miguel von Hafe Pérez, “Rafel G. Bianchi, La bandera en la cima”, CGAC, 2012
[2] David G. Torres, “Rafel G. Bianchi, La bandera en la cima”, CGAC, 2012

Rafel G. Bianchi (Olot, 1967) vive en Barcelona. Exposiciones recientes incluyen: La bandera en la cima, Centro Galego de Arte Contemporánea CGAC (Santiago de Compostela, 2012); Un exercici d’arrogància/generositat, Centre d’Arts visuals (Amposta, Tarragona, 2011); La cuestión del Paradigma. Genealogías de la emergencia en el arte contemporáneo en Cataluña, Centre d’Art La Panera, comisariada por Manuel Segade (Lleida, 2011) y Antes que todo, CA2M, comisariada por Aimar Arriola y Manuela Moscoso (Móstoles, Madrid, 2010).
Agradeciendo la colaboración de Fundación Botín, Santander y Colección del Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa, A Coruña

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Vistas de instalación

La bandera en la cima

2012 - 2013
Madrid

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